lunes, 21 de diciembre de 2015

De Películas...

No soy demasiado fan del cine, pero cuando veo una película tomo una posición bastante crítica, pero éste no es un post en el que hablare del séptimo arte, lo que me inquieta de las películas desde hace días es el cliché en que mayormente se desenvuelven las historias. Para explicar mejor a lo que me refiero, hablo de esas historias de amor que terminan bien al final, con una boda e hijos maravillosos -y una hermosa casa, por supuesto- de esos padres que se sientan a hablar con sus hijos y los comprenden el 99% de las veces, o de como el héroe hace todo bien y al final sigue siendo héroe y no el villano, - o peor aún, un actor de reparto- pero no, el héroe es el héroe; también hablo de como todos son increíblemente apuestos, cuando todos sabemos que si estas en una encrucijada amorosa tus opciones no serían Bratt Pitt y George Clooney. No me incomodan para nada las historias de amor con finales felices, ni las caras ridículamente bellas que actúan en las películas, es el hecho de no siempre (casi nunca) las cosas pasan como pasan en la vida real, y da igual, es una película, pero he pensado que esta maravillosa industria de Hollywood nos educa para situaciones que nunca son del todo reales.

Para seguir con el tema, hablo de esa historia de amor que alguna vez tuvimos, que se parecía mucho a una historia de princesas, a una película de amor con final feliz, donde los protagonistas no eran otros que tú y la persona ideal -para ese entonces-, de cuya historia de amor quedaron apenas buenos recuerdos y un final precipitado, sin hijos bellos, sin casa perfecta, solo se acabó por razones que aún no alcanzamos a entender. Están otros romances turbulentos, donde nadie se opuso a su familia, donde ninguno de los dos se decidió a arriesgar demasiado y el resto fueron las crónicas de una muerte anunciada. Y ni hablar de los desamores, que imaginamos llenos de amigos dándonos apoyo, de canciones tristes de fondos, donde en algún momento llega esa persona que esperabas a sacarte de tu lenta agonía; y aunque esperabas que todo lo que imaginabas se cumpliera, siempre, hay un momento en el que te encuentras solo, sin música reconfortante, sin la persona que esperabas, con un montón de ilusiones que se fueron a la puta madre, sentimientos nuevos y otros se comienzan a partir, y decides hacerlo todo por tú cuenta porque no habrá héroe que te saque de tu depresión.

Hay otros que deciden tomar el papel de héroe e ir tras sus sueños, creyendo que la película durará hora y media, y terminará sin mayor fracaso, pero antes de que la película comience se encuentra despidiéndose de sus familiares, amigos, sitios que frecuentar. El camino a lo que quiere no es -lamentablemente- un sendero preciso sin trampas ni baches, es una bosque donde él es el primer explorador, hay caminos por doquier y deciones que tomar, y por supuesto, más de una vez tomara la decisión equivocada. Y con todos los riesgos, acertijos y encrucijadas, no hay nada que le garantice que llegará a la meta escogida -al menos no  ileso-.

Podría seguir con estos casos hipotéticos, pero a lo que quiero llegar es que esta vida que nos tocó vivir no es una película, con un gran director, ni cámaras paras las mejores escenas, no hay un guión que seguir, sigues un camino dantote cuenta que cada quien hace lo que puede y en su momento decide lo que mejor que te parece -aunque después no resulte lo mejor-; que cuando te sientes solo,en realidad estás sólo - sin nadie que escuche cuán solo te sientes- que los silencios no se llenan con una agradable melodía al fondo, puedes decidir romper el silencio, y que cuando todo va mal, no queda más, que esperar que algo bueno suceda -que casi siempre sucede-. Vamos viviendo nuestras vidas, que aunque no sea de película, siempre podremos reescribir el guion.

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