Cuando cortamos una flor, admiramos su belleza unos días, padecemos su decadencia un rato y luego botamos el cadáver que antes fué simbolo de belleza. Nos da felicidad por un momento y luego solo podemos admirar como muere. Incluso cuando sabemos que va a marchitar, decidimos cortarla, como si su muerte no fuese a llegar.Ella buscaba en el recuerdo el cobijo que en el presente le falta. Ignorando que del pasado sólo nos queda un frío intenso, resultado de lo que era y ya no es.
Sus Flores - entiendase que las flores son las pequeñas y falsas alegrias, imágenes de un recuerdo vivo - no morian por falta de sentimientos, morian porque es inevitable. Morian porque tenían que morir.Ella las cortaba por pura necedad,porque de vez en cuando le parecía que valía la pena disfrutar de su fugaz belleza, aunque no fuera a durar.
Ella, la jardinera de los recuerdos, las cortaba porque no hacerlo, olvidarlas, era peor que verlas marchitar.
De vez en cuando, veía insectos aproximarse. Y aunque con recelo las cuidaba, sabia que no podía hacer nada que las ahuyentara. Terminó por aceptar que nunca serían sólo de ellas.
Aunque ahora doliera condenar sus flores al fracaso, aún podía recordar dias pasados, donde todo parecía muy distinto. Las flores en el suelo, atadas de raíces, no ofrecian sólo su belleza, eran apoyo y compañía; risas y alegrias, sentimientos profundos, que una vez sembrados, no dejaron de crecer. Y aunque todo eso cambió de manera repentina, no se habia desprendido de la figura que tan feliz la hizo, aunque conciente estaba que no tenia caso.Ella, jardinera de lo imposible, no cortaba flores por lo que era, lo hacia por lo que alguna vez fueron.
Para las flores nunca fué tan complicado, querían ser admiradas y amadas,aunque ese amor careciera de sentido. Añoraban lo que en tiempo pasado fueron, pero aceptaron otra realidad: sus raíces estaban plantandose es otro jardín.
Como las cosas buenas llegan, pero suelen ser las que más tardan, un buen día día notó que ya no quería cortar mas sus flores. Decidió dejarlas morir, evitarles el doloroso corte, y pena de morir sin gloria.
No fue una despedida dolorosa, no fue una despedida sin dolor, solo se despidieron. Ella despidió la mala maña de querer retener lo que ya no está, y las flores renunciaron a la falsa belleza que ya no querian brindar. Comprendieron que todo habia acabado.Cuando se liberó de ella misma, cuando pudo dejarlas ir, no estaban más que ella y sus recuerdos, ella y sus historias, y aunque no estaba más alegre, se libero del impulso estéril de retener por la fuerza lo que por voluntad propia se habia marchado.
Y sólo entonces fué libre.








