lunes, 8 de febrero de 2016






Cuando cortamos una flor, admiramos su belleza unos días, padecemos su decadencia un rato y luego botamos el cadáver que antes fué simbolo de belleza. Nos da felicidad por un momento y luego solo podemos admirar como muere. Incluso cuando sabemos que va a marchitar, decidimos cortarla, como si su muerte no fuese a llegar.

 Ella buscaba en el recuerdo el cobijo que en el presente le falta. Ignorando que del pasado sólo nos queda un frío intenso, resultado de lo que era y ya no es.


Quería alegrar su vida con flores, pero las cortaba del jardín equivocado. Rechazando el hecho de que iban a morir mas temprano que tarde, las cortaba con esperanza, las regaba con ilusión, pero de igual manera iban a morir - y ella lo sabia -. Moririan las risas, moriría el rayo de cariño que aveces se asomaba a su ventana. Moriría el amor.

Sus Flores - entiendase que las flores son las pequeñas y falsas alegrias, imágenes de un recuerdo vivo - no morian por falta de sentimientos, morian porque es inevitable. Morian porque tenían que morir.

Ella las cortaba por pura necedad,porque de vez en cuando le parecía que valía la pena disfrutar de su fugaz belleza, aunque no fuera a durar.

Ella, la jardinera de los recuerdos, las cortaba porque no hacerlo, olvidarlas, era peor que verlas marchitar.

De vez en cuando, veía insectos aproximarse. Y aunque con recelo las cuidaba, sabia que no podía hacer nada que las ahuyentara. Terminó por aceptar que nunca serían sólo de ellas.

Aunque ahora doliera condenar sus flores al fracaso, aún podía recordar dias pasados, donde todo parecía muy distinto. Las flores en el suelo, atadas de raíces, no ofrecian sólo su belleza, eran apoyo y compañía; risas y alegrias, sentimientos profundos, que una vez sembrados, no dejaron de crecer. Y aunque todo eso cambió de manera repentina, no se habia desprendido de la figura que tan feliz la hizo, aunque conciente estaba que no tenia caso.

Ella, jardinera de lo imposible, no cortaba flores por lo que era, lo hacia por lo que alguna vez fueron.

Para las flores nunca fué tan complicado, querían ser admiradas y amadas,aunque ese amor careciera de sentido. Añoraban lo que en tiempo pasado fueron, pero aceptaron otra realidad: sus raíces estaban plantandose es otro jardín.

Como las cosas buenas llegan, pero suelen ser las que más tardan, un buen día día notó que ya no quería cortar mas sus flores. Decidió dejarlas morir, evitarles el doloroso corte, y pena de morir sin gloria.

No fue una despedida dolorosa, no fue una despedida sin dolor, solo se despidieron. Ella despidió la mala maña de querer retener lo que ya no está, y las flores renunciaron a la falsa belleza que ya no querian brindar. Comprendieron que todo habia acabado.

Cuando se liberó de ella misma, cuando pudo dejarlas ir, no estaban más que ella y sus recuerdos, ella y sus historias, y aunque no estaba más alegre, se libero del impulso estéril de retener por la fuerza lo que por voluntad propia se habia marchado.

Y sólo entonces fué libre.

lunes, 25 de enero de 2016

Con los Ojos Cerrados.


Quisiera cerrar los ojos un rato y re-capitular grandes momentos.

Seguro que con los ojos bien cerrados, y los oídos en otra parte, volvería a ver sonrisas alegres y escuchar palabras de felicidad. Consciente de que la felicidad dura sólo días, minutos, instantes.

Descansando la vista, seguro que vería a las personas que hace rato que no veo, quisiera escuchar la música que hace tiempo no escucho.

Si pudiese por un rato, minutos, instantes desconectarme de la pesadez de las responsabilidades, del bullicio de palabras necias; si me zafara del presente, seguro volvería a pequeños momentos donde sin saberlo (hoy, consciente de ello) tuve todo y no lo notaba. 

Esto no es una carta en rechazo a la realidad presente (ni pretendo nunca vivir en el pasado) , es una nota conmemorativa a los pequeños momentos que vale la pena atesorar.



domingo, 17 de enero de 2016

De Apatía y otros males (buenos).

    

Cuestionario #1

Suponiendo que el mundo nos ofrezca  un nuevo comienzo: ¿Qué quisiéramos preservar para la humanidad? ¿Qué recuerdos quisiéramos tener seguir  conservando? Y ¿quiénes quisiéramos  que nos siguieran  acompañando? ¿Qué seguiríamos amando? ¿Qué es importante?

Cuestionario#2

Suponiendo que estemos condenados a vivir cien años más: ¿Qué quisiéramos dejar para siempre en el olvido? ¿A quién quisiéramos dejar de ver de una vez por todas y para siempre? ¿Qué comenzaríamos a odiar? ¿Qué es verdaderamente importante?

Si me hubiese hecho estas preguntas a los 10 años, en pleno ejercicio de mi inocencia, hubiese dicho ojala siempre pudiese jugar a fingir ser alguien mayor, que quisiera siempre recordar mis programas de televisión, que quiero estar siempre con mis padres y que nunca dejaría de amar a mis abuelos, y lo que es importante es aprender.

En la  víspera de mi cumpleaños número 19 las preguntas que frecuentemente me formulo se parecen más a las del segundo cuestionario, y es más complicado contestar, ya que al parecer los años me vuelven más pensativa.

Hace meses hubiese dicho que quisiera olvidar lo que alguna vez me hizo daño, y aun más los  momentos que a ratos fueron de felicidad y al tiempo espinas punzo-penetrantes. Quisiera olvidar a las personas que con palabras que con palabras salidas de estómago (nunca del corazón) hirieron a quienes quiero, a quienes hablan sin saber,  ven sin mirar  y no usan el cerebro más que para pensar para sí mismos. Escogería dejar en el pasado las  peleas absurdas con mi mama, los amigos que ya no son y todos los rencores. No quisiera ver nunca más a  unas pocas personas que no me agradan, pero tienen mención honoraria quienes forman parte de un pasado feliz y hoy son recuerdos dibujados es una escala de grises, y comenzaría a odiar a quién miente. Y por último verdaderamente importante son los libros, mis dibujos, mi familia.

Hoy, a esta hora, diría ojala la memoria nunca me haga olvidar los buenos y malos ratos, ni borre mi mente las personas que me han marcado, y en este  punto, espero nunca ocupar mi mente en odios y rencores, andar por la vida sin el presagio de ver a alguien   indeseable. Y para terminar no tengo claro que es verdaderamente importante, y tampoco me preocupa.

Si es cierto que con los años viene la madurez, también viene con ella la innegable apatía que no me sienta del todo mal.

martes, 29 de diciembre de 2015




Hablar de la amistad es muy osado, no pretendo hablar de ello, quisiera escribir sobre lo más cercano a una amistad que tengo, considerando que es un nexo muy grande con alguien que no tengo ningún lazo familiar, ni compromiso económico, mucho menos hay caras falsas de por medio. Se trata de una niña que conocí cuando yo también era niña, tenía como 5 años, podría decir que es la primera persona de la que recuerdo haberme hecho su amiga. No somos amigas desde entonces, el caso es que dejamos de vernos muchos años y luego nos reencontramos, supongo que se puede prestar a malas interpretaciones, pero ambas nos necesitábamos la una a la otra (par de insoportables de pocos amigos).



Por cuestiones de la vida de cada quien, ella se ha mudado a Pensilvania, y por momentos pensaba que más nunca Hablar de la amistad es muy osado, no pretendo hablar de ello, quisiera escribir sobre lo más cercano a una amistad que tengo, considerando que es un nexo muy grande con alguien que no tengo ningún lazo seriamos las misma, nuestra relación se basaba en vernos y hablar hasta la madrugada), grata sorpresa me lleve cuando al mes aun hablábamos casi todos los días, la mayoría de tiempo, aunque ella estuviese allá y yo aquí.

Esta no es la amistad en que nos decimos cuanto nos apreciamos la una a la otra a cada momento de manera seria, de hecho es la primera  vez que hablo tan seriamente de mi (única) amiga. Es como si aún tuviésemos Seis y hablamos idioteces, aunque a veces filosofemos, o leamos poemas y libros, en realidad es un juego en el que ella escucha lo que yo sé y yo disfruto que alguien me escuche (y entienda).

El punto no es hablar pavadas sobre mi única (mejor) amiga, el punto es recalcar lo bien que es que aunque un persona no sea tu familia, la sientas como tal, y aunque no tengas la obligación de encontrarte con alguien, lo hagas, y no por obligación, si no por el simple hecho de disfrutar que por unos minutos puedes ser niño sin tanto rollo.

Adjunto una fotografia de felicidad:

 y otra donde siento pena por ella, como siempre:

 

 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

No del todo.


Él se llamaba Federico – Podría haber sido Pedro, Ángel o Gilberto, pero es Federico-, es un adulto, no hace mayor cosa, más que componer hermosas melodías, que reproducía con el saxofón que le ha dado total sentido a su vida. Podría decirse que Federico ha decidió llevar una vida tranquila, sin muchos lujos, sin mucho apego a lo material, sin  trabajo demasiado serio, su mujer los acompaña desde la adolescencia y sigue convencida de que estará con Federico lo que le reste de vida. Federico simplemente no puede imaginar la vida con alguien más.
Fede no es un tipo precisamente común, no es de los gerentes que puedes ver a diario en oficinas, ni la persona a la que le confiarías un asunto de mucha importancia, o a quien le podrías pedir ayuda financiera; es más bien del tipo de personas que oírles hablar es motivo de alegría, es ese tipo muy extraño de personas que es sutil en su rudeza, y que apenas lo conoces sabes que no tiene igual, y quieres conocerlo, aunque sepas de antemano que nunca lo entenderás.
Para Federico Las cosas no siempre son como las personas creen que deban ser siempre, el considera que es mejor un amigo de la infancia que contactos  pudientes, que un café compartido es un regalo del cielo; cree que no hay manera de vivir para siempre pero que si lees puedes tener muchas vidas llenas de vida, y que si su música hiciera feliz a alguien por tres minutos de canción, ya habrá cumplido una meta.
Federico es poema, música y literatura, Federico es amor y pasión por lo que hace, y aunque no muchos lo comprendan seguirá siendo por siempre Federico.
Como vivimos en el mundo es el que es y no en el que quisiéramos, Fede no se salva de los juicios deliberados de las personas, que si bien no son del todo cierto tampoco son del todo falsos. Las personas comentan _-critican- que Federico no maduro lo suficiente, que no sentó cabeza, y que ni siquiera hijos le dio a su mujer. Nunca se ocupó de un buen trabajo ni tuvo grandes metas: siempre hizo lo que quiso. Repito, lo que se dice de Federico no es del todo Falso, pero tampoco es del todo cierto. Suponiendo que sea cierto todo lo que dicen, ¿juzgaría usted –que ya conoce a Federico- su forma de ser y existir? ¡Por supuesto que lo haría! No quiere esto decir que lo que usted piense de él sea del todo cierto, ni del todo falso.
Es esto lo que los pasa a diario con las personas que conocemos – o que no conocemos lo suficiente- y no creo que haya demasiado problema es ello, creo que el problema comienza cuando creemos poder saber la verdad, cuando siempre hay un espacio innegable al quizás.