domingo, 17 de enero de 2016

De Apatía y otros males (buenos).

    

Cuestionario #1

Suponiendo que el mundo nos ofrezca  un nuevo comienzo: ¿Qué quisiéramos preservar para la humanidad? ¿Qué recuerdos quisiéramos tener seguir  conservando? Y ¿quiénes quisiéramos  que nos siguieran  acompañando? ¿Qué seguiríamos amando? ¿Qué es importante?

Cuestionario#2

Suponiendo que estemos condenados a vivir cien años más: ¿Qué quisiéramos dejar para siempre en el olvido? ¿A quién quisiéramos dejar de ver de una vez por todas y para siempre? ¿Qué comenzaríamos a odiar? ¿Qué es verdaderamente importante?

Si me hubiese hecho estas preguntas a los 10 años, en pleno ejercicio de mi inocencia, hubiese dicho ojala siempre pudiese jugar a fingir ser alguien mayor, que quisiera siempre recordar mis programas de televisión, que quiero estar siempre con mis padres y que nunca dejaría de amar a mis abuelos, y lo que es importante es aprender.

En la  víspera de mi cumpleaños número 19 las preguntas que frecuentemente me formulo se parecen más a las del segundo cuestionario, y es más complicado contestar, ya que al parecer los años me vuelven más pensativa.

Hace meses hubiese dicho que quisiera olvidar lo que alguna vez me hizo daño, y aun más los  momentos que a ratos fueron de felicidad y al tiempo espinas punzo-penetrantes. Quisiera olvidar a las personas que con palabras que con palabras salidas de estómago (nunca del corazón) hirieron a quienes quiero, a quienes hablan sin saber,  ven sin mirar  y no usan el cerebro más que para pensar para sí mismos. Escogería dejar en el pasado las  peleas absurdas con mi mama, los amigos que ya no son y todos los rencores. No quisiera ver nunca más a  unas pocas personas que no me agradan, pero tienen mención honoraria quienes forman parte de un pasado feliz y hoy son recuerdos dibujados es una escala de grises, y comenzaría a odiar a quién miente. Y por último verdaderamente importante son los libros, mis dibujos, mi familia.

Hoy, a esta hora, diría ojala la memoria nunca me haga olvidar los buenos y malos ratos, ni borre mi mente las personas que me han marcado, y en este  punto, espero nunca ocupar mi mente en odios y rencores, andar por la vida sin el presagio de ver a alguien   indeseable. Y para terminar no tengo claro que es verdaderamente importante, y tampoco me preocupa.

Si es cierto que con los años viene la madurez, también viene con ella la innegable apatía que no me sienta del todo mal.

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